Estando Jesús en Betania, en casa de Simón el leproso, y sentado a la mesa, vino una mujer que traía un frasco de alabastro con perfume puro de nardo, muy caro; rompió el frasco y derramó el perfume sobre la cabeza de Jesús… (Mc 14, 3-9)

Jésus se trouvait à Béthanie, chez Simon le lépreux. Pendant qu'il était à table, une femme entra, avec un flacon d'albâtre contenant un parfum très pur et de grande valeur. Brisant le flacon, elle le versa sur la tête de Jésus... (Mc 14, 3-9)

19 de diciembre de 2009

4 domingo de Adviento

Lectura del santo Evangelio según San Lucas 1,39-45

En aquellos días, María se puso de camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: "¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá."


Imaginemos la escena: una mujer entrada en años (por no decir vieja), embarazada, y que se pone a gritar cosas raras al ver llegar a su joven prima… Así mirada, la escena parece sacada de una película de Almodóvar. Pero es evangelio puro y duro: Dios ha actuado en la vieja y en la joven; las dos han aprendido a mirar con los ojos de Dios. La vieja adivina la presencia de Dios en la joven y las dos se dejan conducir por El.

14 de diciembre de 2009

San Juan de la Cruz

Reconozco que tengo una debilidad especial por san Juan de la Cruz, cuya fiesta se celebra hoy. Aunque sus escritos puedan parecer un poco áridos a veces, o demasiado místicos, todo nace de su íntima convicción de la dignidad del hombre y de su profunda fe en el Amor de Dios por esta su creatura. Esto le hace gritar, a veces:

¡Oh almas criadas para esas grandezas y para ellas llamadas!, ¿qué hacéis?, ¿en qué os entretenéis? Vuestras pretensiones son bajezas y vuestras posesiones miserias. ¡Oh miserable ceguera de los ojos de vuestra alma, pues para tanta luz estáis ciegos y para tan grandes voces sordos, no viendo que, en tanto que buscáis grandezas y glorias, os quedáis miserables y bajos, de tantos bienes hechos ignorantes e indignos!
(Cántico espiritual 39, 7)


Esta exclamación surge con naturalidad de su pluma, después de haber descrito la grandeza de ser hijos de Dios, y la realidad a la que somos llamados. Este grito no ha perdido un ápice de actualidad, ahora que estamos en una sociedad en la que sobre todo prima la imagen y el éxito. Darnos cuenta de nuestra dignidad puede modificar nuestra escala de valores; darnos cuenta de la dignidad del otro puede modificar nuestras relaciones.

12 de diciembre de 2009

3 domingo de Adviento

Del evangelio según san Lucas (3,10-18)

En aquel tiempo la gente preguntaba a Juan: "¿Entonces qué hacemos?" El contestó: "El que tenga dos túnicas, que se las reparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo." Vinieron también a bautizarse unos publícanos y le preguntaron: "¿Maestro, qué hacemos nosotros?" El les contestó: "No exijáis mas de lo establecido." Unos militares le preguntaron: "¿Qué hacemos nosotros?" El les contestó: "No hagáis extorsión ni os aprovechéis de nadie, sino contentaos con la paga." El pueblo estaba en expectación, y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías; él tomó la palabra y dijo a todos: "Yo os bautizo con agua; pero viene uno que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. El os bautizará con el Espíritu Santo y fuego; tiene en la mano el bieldo para aventar su parva y reunir su trigo en el granero y quemar la paja en una hoguera que no se apaga." Añadiendo otras muchas cosas, exhortaba al pueblo y le anunciaba el Evangelio.


Hace unos años, leyendo este pasaje en grupo, alguien hizo este comentario, mitad en broma, mitad en serio: “Entonces los militares y los financieros pueden salvarse…” Reconozco que me inquietó este querer poner límites a la misericordia de Dios en base a lo que se es. Juan Bautista pone el acento más bien en lo que se hace, o mejor dicho, en lo que no se ha de hacer: mal al otro. Después vino Aquel más grande que Juan, y El nos ha mostrado por palabra y obra como poner esto en práctica, seamos lo que seamos: militares, financieros… o gays.

5 de diciembre de 2009

2 domingo de Adviento

Del evangelio según san Lucas (3, 1-6)

En el año quince del imperio de Tiberio César, siendo Poncio Pilato procurador de Judea, y Herodes tetrarca de Galilea; Filipo, su hermano, tetrarca de Iturea y de Traconítida, y Lisanias tetrarca de Abilene; en el pontificado de Anás y Caifás, fue dirigida la palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto. Y se fue por toda la región del Jordán proclamando un bautismo de conversión para perdón de los pecados, como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías: “Voz del que clama en el desierto; preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas; todo barranco será rellenado, todo monte y colina será rebajado, lo tortuoso se hará recto y las asperezas serán caminos llanos. Y todos verán la salvación de Dios.”

Si es que está claro: Dios no habla en el vacío, sino que se dirige al hombre –a cada ser humano- en, y a partir de- su historia. Nuestra homosexualidad no es algo vergonzoso, ni algo que nos hace más o menos impuros, sino que es un elemento de nosotros mismos donde podemos escuchar la voz del Señor, desde donde podemos proclamarla. Dios nos llama en nuestra historia, en nuestro mundo, aquí y ahora, para preparar sus caminos.

30 de noviembre de 2009

Todos los dias son el 1 de diciembre

Jesús se paseaba una tarde con sus discípulos cuando pasaron cerca de un local; junto a la puerta, un cartel que decía “Centro de acogida de seropositivos”. Al ver esto, uno de los Doce dice a Jesús: “Maestro, si estos están enfermos, ¿es porque ellos han pecado o porque han pecado sus padres?” Jesús le mira y le responde: “Ni ellos ni sus padres; pero en ellos ha de manifestarse la acción de Dios”. Los discípulos quedan en silencio, esperando que Jesús haga un milagro. Después de un buen rato de este silencio expectante, Jesús toma la palabra y dice a todos: “¿Qué esperáis? Sois vosotros quienes lleváis la acción de Dios. Vuestras manos son ahora mis manos: id a ellos y llevadles la esperanza. No os limitéis a los enfermos, id también hacia aquellos que pueden a su vez ser infectados. No les juzguéis, hablad lo justo, pero que vuestra mirada y vuestra acogida sean testimonio del amor incondicional del Padre: realizad así la acción de Aquel que me envió, y en cuyo Nombre yo os envío”.

(Adaptación libre (?) de Jn 9, 1-4)

28 de noviembre de 2009

1 domingo del Adviento

Del evangelio según san Lucas (21, 25-28.34-36)
«Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas; y en la tierra, angustia de las gentes, perplejas por el estruendo del mar y de las olas, muriéndose los hombres de terror y de ansiedad por las cosas que vendrán sobre el mundo; porque las fuerzas de los cielos serán sacudidas. Y entonces verán venir al Hijo del hombre en una nube con gran poder y gloria. Cuando empiecen a suceder estas cosas, cobrad ánimo y levantad la cabeza porque se acerca vuestra liberación. Guardaos de que no se hagan pesados vuestros corazones por el libertinaje, por la embriaguez y por las preocupaciones de la vida, y venga aquel Día de improviso sobre vosotros, como un lazo; porque vendrá sobre todos los que habitan toda la faz de la tierra. Estad en vela, pues, orando en todo tiempo para que tengáis fuerza y escapéis a todo lo que está para venir, y podáis estar en pie delante del Hijo del hombre.»

Es cierto que a menudo las pequeñas –o grandes- preocupaciones cotidianas me hacen perder de vista la mirada de Dios; recibo este texto como una invitación a poner cada cosa en su sitio, no dejarme agobiar para vivir más conscientemente la alegría de la libertad de los hijos de Dios. ¡Os deseo un buen Adviento!

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En el momento en que estas líneas serán publicadas, vuestro servidor estará en París, en el retiro de invierno de la Comunión Betania. Os pido un favor: que nos tengáis presentes en vuestra oración de manera especial este fin de semana. ¡Muchas gracias!

24 de noviembre de 2009

El muro


Este mes hemos celebrado con gran fasto el vigésimo aniversario de la caída del Muro de Berlín, el famoso “Telón de Acero”. Por desgracia, aún quedan muchos muros que caer en nuestro mundo. Pero como no soy un analista político-social, no voy a hablar de ellos. Prefiero hablar de esos otros muros, insidiosos, que podemos llevar en cada uno de nosotros; estos muros que nos parten por la mitad.

De una parte, nuestra fe cristiana o, al menos, una inquietud espiritual; del otro, nuestra tendencia homoafectiva. Hay mil voces que pretenden convencernos que tiene que ser así, que hay que hacer una neta frontera entre estas dos realidades y elegir entre una u otra. Evidentemente, todo intento de cruzar este muro está prohibido, y se hace a costa de un gran precio de energía, de ánimos, de dolor. Y prefiero no hablar ahora de los que afirman que la homosensibilidad es una enfermedad que se puede curar…

Dios no nos llama desde fuera del mundo, nos habla aquí y ahora, con todo lo que somos, con todo lo que tenemos. No nos pide una amputación de nuestro ser, sino que quiere llenar de su luz cada aspecto de nosotros; es así que con El y por El lograremos demoler este muro interior y unificar nuestro ser, para caminar hacia plenitud en “alabanza de Su Gloria”.