
Reconozco que cuando era crío tuve que soportar una serie de discursos sobre la Virgen Maria que tuvieron el efecto contrario al deseado, y así nunca he sido “marial”. Los famosos “privilegios” de María, entre ellos el de su concepción inmaculada, me la alejaron más que otra cosa. Y, sin embargo…
Todo lo que ella ha recibido ha sido en vista de la misión que recibe de Dios. No es para hacerla más bonita, ni más maja, ni hacer de ella una especie de minidiosa de bolsillo. En tanto que misión completamente particular (ser madre de Dios, ¡nada menos!) recibe dones completamente particulares. Eso no quita que las tuvo que pasar canutas, y que tuvo que sentirse sobrepasada por los acontecimientos, y por esta misión a la que fue llamada, a la que respondió fielmente.
Y es un poco como cada uno de nosotros: cada don recibido (y, personalmente, así vivo yo mi homosensibilidad) es para el bien de los otros. Aunque no comprendamos nada, aunque eso nos las haga pasar canutas en algún momento… Ahí podemos mirar a Maria, “espejo del Amor de Dios”, compañera de ruta en nuestro camino de vida.