Estando Jesús en Betania, en casa de Simón el leproso, y sentado a la mesa, vino una mujer que traía un frasco de alabastro con perfume puro de nardo, muy caro; rompió el frasco y derramó el perfume sobre la cabeza de Jesús… (Mc 14, 3-9)

Jésus se trouvait à Béthanie, chez Simon le lépreux. Pendant qu'il était à table, une femme entra, avec un flacon d'albâtre contenant un parfum très pur et de grande valeur. Brisant le flacon, elle le versa sur la tête de Jésus... (Mc 14, 3-9)
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25 de diciembre de 2010

Aleluya



¡Aleluya,
porque reina el Señor Todopoderoso!
Ha llegado al mundo
el reinado de nuestro Señor y de Su Ungido;
Él reinará por los siglos de los siglos,
Rey de reyes, Señor de señores. ¡Aleluya!

24 de diciembre de 2010

La buena noche

Porque un Niño nos ha nacido,
un Hijo nos ha sido dado;
el poder reposa sobre sus hombros,
y su Nombre significa
Maravilloso, Consejero, Dios fuerte,
Padre eterno, Príncipe de la Paz.

(Is 9, 6)




Y este Consejero no puede hablar todavía, este Dios fuerte está envuelto en lienzos y pañales, este sobre cuyos hombros reposa el poder es un bebé… Espero que algún día llegaremos a comprender la profundidad del misterio de la Encarnación del Hijo de Dios.

Que la Paz abunde en nuestro interior, y que seamos capaces de compartirla a nuestro alrededor. ¡Feliz Navidad!

15 de diciembre de 2010

Consolad a mi pueblo

El Adviento es un tiempo litúrgico demasiado corto para la complejidad que conlleva: lo empezamos con una esperanza de la Segunda Venida del Señor, esa que pedimos en la liturgia eucarística justo después de la consagración. Pero enseguida basculamos a la venida histórica de un Dios hecho hombre, y que nace en un establo en Belén. Hay, sin embargo, otro aspecto: la venida de Cristo Jesús en la vida cotidiana de cada creyente. Así, estas palabras de Isaías, puestas en música por el genio de Haendel, no pierden ni un ápice de actualidad:



Consolad, consolad a mi pueblo, dice vuestro Dios.
hablad al corazón de Jerusalén,
y decidle bien alto
que ya ha cumplido su esclavitud,
que su falta ha sido expiada,
Una voz clama: “En el desierto
abrid el camino al Señor,
trazad en la estepa una recta carretera
a nuestro Dios.
Que todo valle sea elevado,
y todo monte y cerro descendido;
que lo abrupto se vuelva llano
y planicie las asperezas.
(cf Is 40, 1-4)

13 de diciembre de 2010

Cosas del Amor


Quedéme y olvidéme,
el rostro recliné sobre el Amado,
cesó todo y dejéme,
dejando mi cuidado
entre las azucenas olvidado.

S. Juan de la Cruz
Noche Oscura, estrofa 8

7 de diciembre de 2010

Compañera de ruta


Reconozco que cuando era crío tuve que soportar una serie de discursos sobre la Virgen Maria que tuvieron el efecto contrario al deseado, y así nunca he sido “marial”. Los famosos “privilegios” de María, entre ellos el de su concepción inmaculada, me la alejaron más que otra cosa. Y, sin embargo…

Todo lo que ella ha recibido ha sido en vista de la misión que recibe de Dios. No es para hacerla más bonita, ni más maja, ni hacer de ella una especie de minidiosa de bolsillo. En tanto que misión completamente particular (ser madre de Dios, ¡nada menos!) recibe dones completamente particulares. Eso no quita que las tuvo que pasar canutas, y que tuvo que sentirse sobrepasada por los acontecimientos, y por esta misión a la que fue llamada, a la que respondió fielmente.

Y es un poco como cada uno de nosotros: cada don recibido (y, personalmente, así vivo yo mi homosensibilidad) es para el bien de los otros. Aunque no comprendamos nada, aunque eso nos las haga pasar canutas en algún momento… Ahí podemos mirar a Maria, “espejo del Amor de Dios”, compañera de ruta en nuestro camino de vida.

8 de noviembre de 2010

Isabel de la Trinidad

¡Oh, Dios mío, Trinidad a quien adoro! Ayúdame a olvidarme enteramente de mí para establecerme en Ti, inmóvil y tranquila, como si mi alma estuviera ya en la eternidad. Que nada pueda turbar mi paz, ni hacerme salir de Ti, ¡oh mi Inmutable!, sino que cada minuto me sumerja más en la hondura de tu Misterio.
Inunda mi alma de paz; haz de ella tu cielo, la morada de tu amor y el lugar de tu reposo. Que nunca te deje allí solo, sino que te acompañe con todo mi ser, toda despierta en fe, toda adorante, entregada por entero a tu acción creadora.

¡Oh, mi Cristo amado, crucificado por amor, quisiera ser una esposa para tu Corazón; quisiera cubrirte de gloria amarte… hasta morir de amor! Pero siento mi impotencia y te pido «ser revestida de Ti mismo»; identificar mi alma con todos los movimientos de la tuya, sumergirme en Ti, ser invadida por Ti, ser sustituida por Ti, a fin de que mi vida no sea sino un destello de tu Vida. Ven a mí como Adorador, como Reparador y como Salvador.

¡Oh, Verbo eterno, Palabra de mi Dios!, quiero pasar mi vida escuchándote, quiero hacerme dócil a tus enseñanzas, para aprenderlo todo de Ti. Y luego, a través de todas las noches, de todos los vacíos, de todas las impotencias, quiero fijar siempre la mirada en Ti y morar en tu inmensa luz. ¡Oh, Astro mío querido!, fascíname para que no pueda ya salir de tu esplendor.

¡Oh, Fuego abrasador, Espíritu de Amor, «desciende sobre mí» para que en mi alma se realice como una encarnación del Verbo. Que yo sea para El una humanidad suplementaria en la que renueve todo su Misterio.

Y Tú, ¡oh Padre Eterno!, inclínate sobre esta pequeña criatura tuya, «cúbrela con tu sombra», no veas en ella sino a tu Hijo Predilecto en quien has puesto todas tus complacencias.

¡Oh, mis Tres, mi Todo, mi Bienaventuranza, Soledad infinita, Inmensidad donde me pierdo!, yo me entrego a Ti como una presa. Sumergíos en mí para que yo me sumerja en Vos, mientras espero ir a contemplar en vuestra luz el abismo de vuestras grandezas.

(Dijon, 21 de noviembre de 1904)

31 de octubre de 2010

Todos los santos



De la primera carta del apóstol san Juan (3, 1-3)

Queridos hermanos:
Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos! El mundo no nos conoce porque no lo conoció a él. Queridos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es. Todo el que tiene esperanza en él se purifica a sí mismo, como él es puro.

Al mismo tiempo que los disfraces de monstruos hacen su agosto (halloween obliga), san Juan nos revela nuestra verdadera identidad: hijos de Dios, ¡nada menos! Lástima que estamos ya tan acostumbrados a esta fórmula que apenas nos damos cuenta de cómo puede cambiar la mirada que echamos hacia nosotros mismos y hacia los que nos rodean, de cómo puede cambiar incluso nuestra manera de encarar la vida de cada día. ¡Feliz fiesta de todos los santos!

30 de octubre de 2010

31 domingo del Tiempo Ordinario

Del libro de la Sabiduría (11,23-12, 2)

Señor, el mundo entero es ante ti como un grano de arena en la balanza, como gota de rocío mañanero que cae sobre la tierra. Te complaces de todos, porque todo lo puedes, cierras los ojos a los pecados de los hombres, para que se arrepientan. Amas a todos los seres y no odias nada de lo que has hecho; si hubieras odiado alguna cosa, no la habrías creado. Y ¿cómo subsistirían las cosas si tú no lo hubieses querido? ¿Cómo conservarían su existencia, si tú no las hubieses llamado? Pero a todos perdonas, porque son tuyos, Señor, amigo de la vida. En todas las cosas está tu soplo incorruptible. Por eso corriges poco a poco a los que caen, les recuerdas su pecado y lo reprendes, para que se conviertan y crean en ti, Señor.

Cada vez que algo o alguien me habla del amor que Dios tiene por todos y cada uno de nosotros me pongo todo contento, porque ahí me veo yo, amado de Dios, con todas mis fragilidades e incluso mi pecado. Una acción de gracias brota espontánea en mí. Pero la cosa se pone complicada cuando profundizo un poco más y me doy cuenta que en ese “todos y cada uno” también están aquellos que no me inspiran precisamente afecto: esa compañera de trabajo que me pone del hígado, ese nuevo rico que expone su riqueza sin ningún pudor, ese homófobo que destila el odio por todos los medios posibles… La acción de gracias ahí es menos espontánea, lo reconozco. Aceptar el reto que se presenta, como Jesús lo ha hecho, compartiendo la mesa de publicanos y fariseos, siendo siempre fiel al Amor del Padre.

15 de octubre de 2010

Miradas

André-Joseph Léonard, arzobispo de Bruselas, ha afirmado que el SIDA es “una forma de justicia consustancial que ocurre cuando se maltrata el amor”.

Algunos le contaron a Jesús lo de los galileos, cuya sangre había mezclado Pilato con la de sus sacrificios. Les respondió Jesús: “¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que todos los demás galileos, porque han padecido estas cosas? No, os lo aseguro; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo. O aquellos dieciocho sobre los que se desplomó la torre de Siloé matándolos, ¿pensáis que eran más culpables que los demás hombres que habitaban en Jerusalén? No, os lo aseguro; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo”.
(Lc 13 ,1-3)


Convirtamos pues nuestra mirada: miremos a Dios con nuestros ojos humanos, para que aprendamos a mirar al ser humano con los ojos de Dios. Tal vez así dejaremos de pensar y de decir enormidades.

5 de octubre de 2010

Disculpas

Estos últimos tiempos habréis notado una menor periodicidad en el blog, y limitado a la cita dominical, y lo siento muchísimo. Desde hace unas semanas estoy organizando mi próxima mudanza: nueva ciudad, nuevo trabajo, nuevas perspectivas de vida y servicio… Vamos, que tengo la cabeza más metida en todas estas cosas que en otras., y esto va a durar hasta principios de diciembre. Pero prefiero continuar a este ritmo un poco “guadiana” que dejarlo del todo. Así que seguimos en contacto, aunque sea un poco irregular.



2 de octubre de 2010

27 domingo del Tiempo Ordinario

De la profecia de Habacuc (1, 2-3; 2, 2-4)

¿Hasta cuándo clamaré, Señor, sin que me escuches? ¿Te gritaré: «Violencia», sin que me salves? ¿Por qué me haces ver desgracias, me muestras trabajos, violencias y catástrofes, surgen luchas, se alzan contiendas? El Señor me respondió así:

-Escribe la visión, grábala en tablillas, de modo que se lea de corrido. La visión espera su momento, se acerca su término y no fallará; si tarda, espera, porque ha de llegar sin retrasarse. El injusto tiene el alma hinchada, pero el justo vivirá por su fe.

Pareciera que Habacuc sufre una actitud negativa por parte de su entorno, o que acaba de ver el telediario… La respuesta que recibe de Dios es bastante sorprendente (como la que Job recibirá a su vez): confiar en El. De hecho, la fe no es una adhesión a un conjunto de ritos y dogmas, sino una dinámica de confianza en el Dios que nos ha revelado Jesús de Nazaret. Vivir esta confianza quiere decir hacer lo que nos corresponde hacer, sabiendo que en medio de nuestros actos es El mismo quien actúa con nosotros.

18 de septiembre de 2010

25 domingo del Tiempo Ordinario

Salmo 112 (113)

¡Aleluya!
Alabad, siervos del Señor,
alabad el nombre del Señor.
2Bendito sea el nombre del Señor,
ahora y por siempre:
3de la salida del sol hasta su ocaso,
alabado sea el nombre del Señor.
4El Señor se eleva sobre todos los pueblos,
su gloria sobre los cielos.
5¿Quién como el Señor, Dios nuestro,
que se eleva en su trono
6y se abaja para mirar
al cielo y a la tierra?
7Levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al pobre,
8para sentarlo con los príncipes,
los príncipes de su pueblo;
9a la estéril le da un puesto en la casa,
como madre feliz de hijos.


Creo que a Dios le encantan las paradojas, y, como para muestra un botón, aquí esta este salmo: El nos sobrepasa, jamás podremos encerrarle en nuestras categorías humanas; sin embargo se acerca a cada uno de nosotros, con Amor eterno. Esta es, me parece, la experiencia fundamental de todo camino de fe: saberse amado, amada de El, con un Amor que no es sólo sentimiento, sino activo. ¿Nos unimos hoy en una alabanza al Señor, con todos los pueblos?

11 de septiembre de 2010

24 domingo del Tiempo Ordinario

De la primera carta de san Pablo a Timoteo (1, 12-17)

Querido hermano:
Doy gracias a Cristo Jesús, nuestro Señor, que me hizo capaz, se fió de mí y me confió este ministerio. Eso que yo antes era un blasfemo, un perseguidor y un insolente. Pero Dios tuvo compasión de mí, porque yo no era creyente y no sabía lo que hacía. El Señor derrochó su gracia en mí, dándome la fe y el amor en Cristo Jesús. Podéis fiaros y aceptar sin reserva lo que os digo: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, y yo soy el primero. Y por eso se compadeció de mí: para que en mí, el primero, mostrara Cristo Jesús toda su paciencia, y pudiera ser modelo de todos los que creerán en él y tendrán vida eterna. Al Rey de los siglos, inmortal, invisible, único Dios, honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Cada uno de nosotros puede hacer propia esta afirmación de san Pablo: el Señor pone su confianza en cada uno de nosotros, y nos capacita a seguirle, seamos varón, mujer, gay, hetero, trans… Luego está la respuesta que cada uno quiera dar, libremente, a la misión que El quiera confiarle; pero esa es otra cuestión.

En el texto original, al parecer, Pablo emplea una formula solemne para introducir la afirmación clave de este texto: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores. Vaya, que dejemos el juicio para otro momento, y que quien quiera juzgarnos no obstaculice, al menos, la acción salvífica de la Trinidad en su pueblo. Que el Espíritu sopla donde quiere…

4 de septiembre de 2010

23 domingo del Tiempo Ordinario

Del libro de la Sabiduría (9, 13-18)

¿Qué hombre conoce el designio de Dios? ¿Quién comprende lo que Dios quiere? Los pensamientos de los mortales son mezquinos, y nuestros razonamientos son falibles; porque el cuerpo mortal es lastre del alma, y la tienda terrestre abruma la mente que medita. Apenas conocemos las cosas terrenas y con trabajo encontramos lo que está a mano: pues, ¿quién rastreará las cosas del cielo? ¿Quién conocerá tu designio, si tú no le das sabiduría, enviando tu Santo Espíritu desde el cielo? Sólo así fueron rectos los caminos de los terrestres, los hombres aprendieron lo que te agrada, y la sabiduría los salvó.

No recuerdo donde leí que, en vez de mirar a Dios con ojos de hombre, tendríamos que acostumbrarnos a mirar a los hombres con los ojos de Dios. Evidentemente, esta sabiduría de la mirada no es algo que se consiga a fuerza de puños ni de un día para el otro. Pero así sería mucho más sencillo que se nos comprendiera y aceptara –como Dios mismo nos comprende y acepta-. Saber mirar es saber amar.

21 de agosto de 2010

21 domingo del Tiempo Ordinario

Hay muchos y buenos comentarios cada domingo a la lectura del evangelio. Por eso, a partir de ahora, aquí encontraréis el eco que despiertan en mí las otras lecturas o el salmo. No pretendo ser un maestro en nada; lo único que quiero hacer es compartir la meditación que pueda hacer de la Palabra.

Del libro de Isaías (66, 18-21)
Así dice el Señor: «Yo vendré para reunir a las naciones de toda lengua: vendrán para ver mi gloria, les daré una señal, y de entre ellos despacharé supervivientes a las naciones: a Tarsis, Etiopía, Libia, Masac, Tubal y Grecia, a las costas lejanas que nunca oyeron mi fama ni vieron mi gloria; y anunciarán mi gloria a las naciones.
Y de todos los países, como ofrenda al Señor, traerán a todos vuestros hermanos a caballo y en carros y en literas, en mulos y dromedarios, hasta mi monte santo de Jerusalén -dice el Señor-, como los israelitas, en vasijas puras, traen ofrendas al templo del Señor. De entre ellos escogeré sacerdotes y levitas» -dice el Señor-.

El Señor es quien reúne todos los pueblos, y el nuestro, el pueblo homosensible, también está invitado a la fiesta. Es el Señor mismo quien nos llama, y El quiere mostrarnos su gloria, y la gloria de Dios consiste en que el hombre viva, y la vida del hombre consiste en la visión de Dios (san Ireneo de Lyon). Somos invitados a vivir un doble movimiento, que responde al doble exilio: ocupar nuestro lugar en esta marcha hacia el monte santo de Dios, y anunciar su gloria a nuestro pueblo.

14 de agosto de 2010

15 de agosto

Del evangelio según san Lucas (1, 39, 56)

En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito:
-¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.
María dijo:
-Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como lo había prometido a nuestros padres- en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.
María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa.


Con María podemos cantar el Magníficat por todo lo que el Señor hace con y por nosotros: en ella podemos contemplar aquello a lo que somos llamados ¡Dichosos nosotros al creer en la increíble misericordia de Dios!

7 de agosto de 2010

19 domingo del Tiempo Ordinario

Del evangelio según san Lucas (12, 32-48)
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
-No temas, pequeño rebaño; porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino. Vended vuestros bienes, y dad limosna; haceos talegas que no se echen a perder, y un tesoro inagotable en el cielo, adonde no se acercan los ladrones ni roe la polilla. Porque donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón. Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas: vosotros estad como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle, apenas venga y llame. Dichosos los criados a quienes el Señor, al llegar, los encuentre en vela: os aseguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo. Y si llega entre la noche o de madrugada, y los encuentra así, dichosos ellos. Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, no le dejaría abrir un boquete. Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis, viene el Hijo del Hombre.
Pedro le preguntó:
-Señor, ¿has dicho esa parábola por nosotros o por todos?
El Señor respondió:
-¿Quién es el administrador fiel y solicito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración a sus horas? Dichoso el criado a quien su amo al llegar lo encuentre portándose así. Os aseguro que lo pondrá al frente de todos sus bienes. Pero si el empleado piensa: 'Mi amo tarda en llegar', y empieza a pegarles a los mozos y a las muchachas, a comer y beber y emborracharse, llegará el amo de ese criado el día y a la hora que menos lo espera y lo despedirá, condenándole a la pena de los que no son fieles. El criado que sabe lo que su amo quiere y no está dispuesto a ponerlo por obra, recibirá muchos azotes; el que no lo sabe, pero hace algo digno de castigo, recibirá pocos. Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá: al que mucho se le confió, más se le exigirá.

Reconozco que durante años tuve este texto atragantado, por culpa de la última frase: A quien mucho se lo dio… Sin embargo, comprendí más tarde que no es un asunto de contabilidad. Si es de amor de lo que seremos examinados, éste se manifiesta en el servicio a los hermanos, simplemente. Como dice la sabiduría popular, el movimiento se demuestra andando. Aunque estemos en pleno período estival, el amor no toma nunca vacaciones.

4 de agosto de 2010

La samaritana

Mediodía. La hora en la que la sombra sólo es la sombra de sí misma. La hora de la claridad más elevada. La de las revelaciones. Yo hubiera debido sospecharlo cuando le entreví al lado del pozo, color de tierra, sentado sobre el cansancio del viaje.

Él no me oyó llegar. Sobre la arena, mis pies susurraban.

Pero cuando sumergió sus ojos en los míos, comprendí que él venía de muy lejos. Que su cansancio era antiguo, viejo como el mundo. Como si todo lo que le rodeaba, con su collar de desgracias, le hubiera entrado en el cuerpo.

En él era su alma lo que estaba lleno de polvo, porque es al interior por donde él ha marchado, que las piedras del camino le han herido. El calor de la hora sexta era asfixiante, pero él tenía niebla dentro.

“Dame de beber”. El había andado mucho, a través de colinas y de pueblos. Había hablado, pero también escuchado el viento sobre los rostros. Había querido compartir el fuego, narrar la sal y la luz, dejar una palabra más alta que la guerra. Pero también había visto como la sombra se empeña en descoser la vida, empañar los ojos y taponar los oídos. Él hubiera deseado ensanchar los corazones, pero la piedra se movía al revés y cerraba las tumbas.

“Dame de beber”. Hice como quien no oye. Yo no había venido para calmar la sed de un desconocido. Sacar agua para los míos me era ya bastante cansado. Yo soñaba también con sentarme y que alguien me diera de beber. Acabé por sorprenderme. Hacía falta que este hombre tuviera sed para pedirme agua a mí, la que no sabía vivir, la que no sabía amar. No entendí todo lo que él me decía, pero sus palabras hicieron una canción en mi mente.

Él me hablaba de bajar a mi propio pozo, de ir más allá de mi agua dormida para buscar la fuente viva. Yo podía dejar atrás mi miedo a perderme en mis profundidades, porque más profundo todavía el amor me recogería. Él me enseñaba el agua clara de una vida que yo no podía ni imaginar. Él me hablaba de Dios, sentado a la orilla de mi humanidad, y la llamada a calmar su sed.

Le dejé sabiendo que no le abandonaba. ¿Podemos separarnos de lo que permanece? Desde ese mediodía, mi cántaro está al borde del pozo. Lo podéis ver si pasáis por allí. Pero, por favor, no lo utilicéis; en vosotros tenéis con qué sacar el agua viva donde Dios mismo se vivifica.

Francine Carrillo

31 de julio de 2010

18 domingo del Tiempo Ordinario

Del evangelio según san Lucas (12, 13-21)
En aquel tiempo, dijo uno del público a Jesús:
-Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia.
Él le contestó:
-Hombre, ¿quién me ha nombrado juez o árbitro entre vosotros?
Y dijo a la gente:
-Mirad: guardaos de toda clase de codicia. Pues aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes.
Y les propuso una parábola:
-Un hombre rico tuvo una gran cosecha. Y empezó a echar cálculos: "¿Qué haré? No tengo donde almacenar la cosecha”. Y se dijo: “Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes, y almacenaré allí todo el grano y el resto de mi cosecha. Y entonces me diré a mí mismo: Hombre, tienes bienes acumulados para muchos años: túmbate, come, bebe y date buena vida”. Pero Dios le dijo: “Necio esta noche te van a exigir la vida. Lo que has acumulado, ¿de quien será?” Así será el que amasa riqueza para sí y no es rico ante Dios.

“A la tarde te examinarán en el amor”, escribió san Juan de la Cruz. No sólo a la tarde de esta vida, sino al final de cada día, de cada actividad. Al final, lo único que queda, lo único que cuenta, es el amor que hemos puesto.

30 de julio de 2010

Nada te turbe

Para terminar este mes de julio, y empezar el de agosto con buen pie, os comparto hoy este vídeo de Taizé. Hermoso poema, hermosa música y hermosa interpretación. Pero lo más hermoso es esta invitación a dejar a Dios ser Dios en nuestra vida, a aprender la paciencia porque recibiremos todo a su tiempo.



Merci, ma soeur, pour me l'avoir envoyé!