Estando Jesús en Betania, en casa de Simón el leproso, y sentado a la mesa, vino una mujer que traía un frasco de alabastro con perfume puro de nardo, muy caro; rompió el frasco y derramó el perfume sobre la cabeza de Jesús… (Mc 14, 3-9)

Jésus se trouvait à Béthanie, chez Simon le lépreux. Pendant qu'il était à table, une femme entra, avec un flacon d'albâtre contenant un parfum très pur et de grande valeur. Brisant le flacon, elle le versa sur la tête de Jésus... (Mc 14, 3-9)

9 de febrero de 2010

Com-pasión

Pues no tenemos un Sumo Sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino probado en todo igual que nosotros, excepto en el pecado. Acerquémonos por tanto confiadamente al trono de gracia, a fin de alcanzar misericordia y hallar gracia para una ayuda oportuna. (Hb 4, 15-16)


La semana pasada, aprovechando mis vacaciones, hice una especie de mini retiro espiritual en casa; al final del primer día me encontré con este texto y lo quería compartir con vosotros. Cristo compadece con nosotros… Esta palabra no quiere decir solamente “apiadarse de” o “tener pena”, sino “sufrir con”, es un estar al lado de alguien en plena y total empatía.

Desde luego no voy a afirmar que Jesús de Nazareth es homosexual; lo que sí afirmo es que El comparte esta condición con nosotros. Que podemos acercarnos a El como El se acerca a nosotros, que podemos pedirle ayuda para nuestra vida de pareja, para sobrepasar el sufrimiento causado por el rechazo homofóbico que tenemos o hemos tenido que soportar: Confiadle todas vuestras preocupaciones, pues El cuida de vosotros (1 Pe 5, 7) Ante El no tenemos nada que esconder, sino dejarnos amar por El con toda sencillez y, con la misma simplicidad, responderle.

6 de febrero de 2010

5 domingo del Tiempo Ordinario

Del evangelio según san Lucas (5, 1-11)
En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la palabra de Dios, estando él a orillas del lago de Genesaret. Vio dos barcas que estaban junto a la orilla; los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón:
- Remad mar adentro, y echad las redes para pescar.
Simón contestó:
- Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes.
Y, puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande que reventaba la red. Hicieron señas a los socios de la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús diciendo:
- Apártate de mí, Señor, que soy un pecador.
Y es que el asombro se había apoderado de él y de los que estaban con él, al ver la redada de peces que habían cogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón:
- No temas; desde ahora serás pescador de hombres.»
Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.

Ya en una primera lectura (mientras preparo este artículo, de hecho) hay dos ideas que me vienen así, de repente: la primera es la sorpresa al ver que la gente se agolpaba para oír la palabra de Dios. Quizá si todos y cada uno de los miembros de la Iglesia tuviéramos el mismo deseo vehemente de escuchar Su voz, otro gallo nos cantaría (pero mejor no mencionar el gallo delante de Pedro).

La idea siguiente es, precisamente, la reacción de Pedro y la respuesta de Jesús: a la protesta de humildad de Pedro (¡y eso que el gallo no ha cantado todavía!) la respuesta de Jesús es invitarle a marchar detrás de El y compartir su misión. Vaya, que todavía podemos decir eso de “esta Escritura que acabáis de oír se cumple hoy”. La cuestión es de saber aceptar…

4 de febrero de 2010

Ideología y religión

Quizás los textos que puse anteayer fueron un poco largos, o tediosos; pero creo que es necesario que sepamos qué decimos cuando decimos cristiano. Porque cada vez se confunde más religión e ideología. Reconozco que, cuando pensé en este artículo, pensé primero en los que se alinean a la derecha, pero vaya, que a la izquierda no estamos mejor. Sea del lado que sea, en nombre de la religión, se tiran piedras a los de enfrente; los que son condenados de un lado son acogidos del otro que, a su vez, tiran piedras sobre los primeros… Todo basándose en un puñado de preceptos, de orden sexual para unos, de orden social o político para otros; y, a menudo, usando la liturgia como arma de guerra.

¿Dónde queda pues la esencia del cristianismo, este permanecer en Jesús, este amar como El nos amó (cf. Jn 17, 1-10)? Me temo que de forma insidiosa, y a menudo inconsciente, se deja de lado la adhesión a Cristo Jesús para revestir nuestra religión de capas y capas de ideologías que le son ajenas.

Dejemos las izquierdas y las derechas para la política; en tanto que ciudadanos, tomemos en serio nuestros compromisos sociales y políticos; en tanto que miembros de la Iglesia, seamos activos en ella. Pero no mezclemos a Dios con nuestras diferentes opciones, y no dejemos que el precepto del amor sea sepultado bajo un sinfín de cosas secundarias. Ser miembro del Cuerpo de Cristo (cf. 1Cor 12) es más importante que todas las otras etiquetas que nos podamos poner.

NB: Todo lo anterior no quiere decir que vuestro servidor se vea libre de esta tentación…

NB (y 2): Un artículo de un blog, por definición, no es una tesis; me doy cuenta que quedan mil y un temas colaterales que merecen un tratamiento más detallado.

2 de febrero de 2010

¿Quién es cristiano?

Es un acto que en su plenitud se llama fe-amor-esperanza: fe amorosa que todo lo espera, o amor esperanzado que todo lo cree, o esperanza creyente que ama todo lo que Dios quiere. Es el acto que fundamenta nuclearmente el ser cristiano, y esto nos permite contestar a la pregunta “¿quién es cristiano?”. Cristiano es la persona que vive de la fe (Rm 1, 17), es decir, que ha apostado toda su existencia a una posibilidad que nos brindó Jesucristo, el Hijo de Dios, obediente por todos nosotros hasta la cruz: participar en el sí a Dios, un sí obediente que redime al mundo.

En ese cuerpo que es la doctrina cristiana, todos los miembros reaccionan al encuentro con el prójimo. Todos los miembros duermen exánimes y teóricos en las cubiertas de un catecismo, y todos despiertan y se desperezan cuando la teoría se hace práctica en el encuentro. Un cristiano práctico es alguien al que le acontece esta resurrección de la verdad en la realidad de la vida. Cabe afirmar que ese es el verdadero cristiano practicante. Es el que ama a Jesús y guarda sus preceptos. Practicar significa llevar estos preceptos a la práctica, y sabemos que todos los preceptos de Cristo se inspiran en el precepto del amor. Un día seremos juzgados con arreglo a este único precepto, con arreglo a la práctica del amor activo o a su omisión. Este único precepto determina también si tenemos o no conocimiento de Dios: El que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor (1Jn 4, 8). No hay una fe teórica, un ser cristiano teórico.


Hans Urs von Balthasar, “¿Quién es cristiano?”
Ed. Sígueme, 2000; págs 62 y 98

31 de enero de 2010

Una realidad...


El milagro de la Iglesia es que ella sobrevive cada domingo a millares de malas homilías.


Frase atribuida al cardenal Ratzinger (sí, sí, el mismísimo Benedicto XVI), y citada hoy por uno de los curas de mi parroquia.

30 de enero de 2010

4 domingo del Tiempo Ordinario

Del evangelio según san Lucas (4, 21-30)

En aquel tiempo, comenzó Jesús a decir en la sinagoga: «Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír». Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios. Y decían: « ¿No es éste el hijo de José?» Y Jesús les dijo: «Sin duda me recitaréis aquel refrán: Médico, cúrate a ti mismo; haz también aquí en tu tierra lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaúm.» Y añadió: «Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra. Os garantizo que en Israel había muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías sino a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Elíseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado, más que Naamán, el sirio.» Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarlo. Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba.


Si bien Jesús anunciaba nada menos que la Buena Nueva (ver domingo anterior), parece que a sus paisanos eso les daba igual, y que lo que querían ver era el espectáculo de los prodigios. Vaya, esa es una manera de querer apropiarse de Dios, algo que también se llama idolatría, o magia. El gran prodigio se producía delante de sus ojos (como ahora): Jesús sigue anunciando la Buena Nueva, y estamos asociados con El para esta tarea. Claro que sería muy fácil un milagrito y que desaparezcan las violencias homofóbicas en nuestras iglesias y en nuestro mundo; el milagro es que nosotros podemos –y debemos- trabajar por ello en el Espíritu del Señor.

25 de enero de 2010

Unidad

A Dios rogando y con el mazo dando: nos hemos pasado una semana orando por la unidad de los cristianos; ahora nos quedan 51 para dar con el mazo. Estoy firmemente convencido de que sólo siendo bien conscientes de lo que nos separa podemos vivir una auténtica relación de mutuo respeto y de continuar a buscar juntos esta ansiada unidad.

También pienso en la unidad dentro de la Iglesia Católica, sabiendo que “unidad” no es sinónimo de “uniformidad”. ¿Cuándo tomaremos en serio aquella frase de san Agustín: en lo esencial unidad, en lo opinable libertad y, en todo, caridad?

También se trata de unirnos de verdad a la oración de Jesús: Padre, que todos sean uno, como Tú y Yo somos uno…